Macizo del Mont Blanc 1985.


























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1 – Vía Las lagrimas de Shiva. Abierta por Manuel Ramos y Antonio Villar el 10 de enero de 1981.
2 – Vía A este curso no me apunto. Abierta por Manuel Ramos y Antonio Villar el 28 de enero de 1999.
3 – Vía Al encuentro de la luz. Abierta por Manuel Ramos y Antonio Villar el 11 de enero de 1981.
4 – Vía Terrodactil. Abierta por Manuel Ramos y Antonio Villar el 10 de enero de 1981.
Pico Viejo, paredes interiores. Leer más »

1 – Vía Sueños de Andrómeda. Abierta por Marcelino Báez y Antonio Villar el 17 octubre de 1982.
2 – Vía Pancorbo Light. Abierta por Marcelino Báez y Antonio Villar el 15 de diciembre de 1985.
Roque de la Grieta. Leer más »

1 – Vía Báez-Alom. Abierta por Alberto Alón y Marcelino Báez en…
2 – Variante Alom-Subirana. Abierta por Javier Alom y Oscar Subirana en…
3 – Vía Rup. Abierta por Juan I. Frias y Antonio Villar el 27 de julio de 1978.

1 – Vía Cresta del gallo. Abierta por Luis Gómez y Antonio Villar el 13 de enero de 1980.
2 – Amadeus. Abierta por Daniel Dietz y Antonio Villar el 12 de diciembre de 1999.
Toubkal 1980 arista O.S.O.
Son las tres de la madrugada, aun dentro del saco de dormir contemplo el negro cielo del ALTO ATLAS es difícil describir el espectáculo que es.
Llamo a Miguel y salgo del saco, preparamos algo de comida, calzamos los crampones y nos ponemos en marcha. El Tizi Ouano 3.604 m. (Tizi = collado) va acercándose paulatinamente. De aquí parte la arista O.S.O. al Toubkal, nuestro objetivo en el día de hoy.
Tenemos gran ilusión en esta arista, hemos leído sobre ella y sabemos que aunque es poco su desnivel –tan solo quinientos metros- su recorrido es superior a mil quinientos metros de escalada -. Aproximadamente una hora nos cuesta llegar al pie de la pendiente que nos conducirá al collado. Esta es fuerte pero la ascendemos con rapidez. Llegamos a esté aun de noche, la vertiente Sur nos saluda con un frio viento que se cuela por nuestras prendas de abrigo, lo cual nos obliga a colocarnos los kagules.
Como el día tardara en despuntar nos acurrucamos junto a unas rocas. El tiempo pasa con gran lentitud, las primeras luces del alba viene a mostrarnos el más imponente espectáculo que puede presentar la cordillera del Atlas. Antes nosotros y bajo nuestros pies la inmensa vertiente Sur del Toubkal. Nos asombra el tremendo desnivel entre la cumbre y el valle –este es de unos dos mil metros-. A medida que el Sol se eleva los valles se van desprendiendo de su velo de sombras que dejan paso a las verdes aguas del lago de Ifni, él cual recoge este preciado líquido de esta vertiente del macizo. Cada rayo de este Sol mañanero va penetrando en esta grandiosa vertiente haciendo que cada couloir destelle con luz propia. Cada espolón toma la forma de gigantes que guardan mil secretos a los ojos de dos intrusos insignificantes que se acurrucan bajo una de sus lanzas.
Dejamos nuestro abrigado refugio y después de sacar algunas fotografías intentamos encontrar el punto de comienzo de la vía.
Después de dudar unos minutos nos decidimos por una canal vertical que asciende en oblicuo y que parece conducir a la cima del gran resalte. Lo que parece fácil al principio, lo deja de ser a poco que subimos, lo que viene a confirmar que no vamos por el itinerario original pues no corresponde la dificultad que estamos encontrando con la del croquis y con lo que nos han dicho. Pero ya estamos embarcados y continuamos escalando.
Después de una precaria reunión a mitad del canalón Miguel logra alcanzar la cumbre del monolito y al poco nos encontramos juntos en la cima. Los músculos comienzan a encontrar su ritmo y el marco donde estamos desarrollando la escalada es para llenar el espíritu menos sensible.
Desde la cima del monolito continuamos por una arista a caballo entre las vertientes S.O y N.E. El Sol pega de lleno pero atenuado por el continuo viento que nos acompañara todo el día. Vamos a muy buen ritmo embriagados por la belleza de la vertiente sur que va desde el Tizi Ouano hasta el Ouimlilare. Es un continuo mar de espolones y canales a cual más empinado que se pierden en el abismo.
Nuestras miradas se posan a lo lejos, en los Oasis encajonados en los fondos de los valles marcando el comienzo del desierto que con su color ocre contrasta fuertemente con el azul del cielo, formando una línea de color solo rota por el macizo del Anti Atlas con sus cumbres más altas cubiertas de nieve. Este año ha sido especial y las precipitaciones en forma de nieve son mayores a lo normal para la época, lo cual nos alegra.
Estamos aun contemplando lo que nos rodea cuando nos encontramos metidos de lleno en el segundo resalte, este lo escalamos por su lado Sur, por una serie de canalizos y chimeneas que vienen a darle una nota de dificultad y belleza. Pronto estamos de nuevo sobre la arista por un terreno fácil alcanzamos la primera torre. Aquí nos encontramos con que nos separa unos veinte metros de la continuación un collado al cual cae verticalmente unos cuarenta metros la pared donde nos encontramos. Buscamos un lugar para descender destrepando y creemos que retrocediendo unos metros podemos rodear esta torre. Así lo hacemos y emprendemos el descenso de un empinado corredor para abandonarlo por la izquierda donde encontramos unas repisas, las cuales parecen rodear el resalte por el Este.
Miguel comienza a seguir la vira pero pronto veo que da media vuelta y regresa, “por aquí tampoco hay nada que hacer”.
Un tanto decepcionados volvemos sobre nuestros pasos. Esta vez logramos destrepar unos metros y encontramos una vieja clavija la cual utilizamos para rappelar “este es el camino correcto” le grito a Miguel que pronto se encuentra a mi lado. Pasamos las cuerdas por la anilla y en un instante nos encontramos soportando un fuerte viento que sopla en el collado. La nieve al Sol se hace resbaladiza y hay que tomar precauciones con la que cubre la roca. Ante nosotros unas lisas placas nos cierran el paso directamente, por lo que hay que emprender una travesía por la vertiente Oeste de los murallones para encontrar un estrecho couloir que desemboca de nuevo en la arista.
La nieve en la sombra aun esta dura, incluso hay verglás en las rocas. La escalada no es difícil pero si delicada en algunos momentos, unos últimos pasos de roca muy bonitos nos dejan sobre la segunda torre. El Sol está bastante alto, no sabemos qué hora es. Nos parece que llevamos escalando mucho tiempo. Pensamos en nuestros compañeros que suben por la vía normal (Ikibi Sur). Quizás los encontremos allá arriba en la cumbre, “sería estupendo”. La cima aún se ve distante incluso la del Toubkal Oeste parece inalcanzable, tenemos ganas de llegar.
Aún nos queda una torre que escalar para salir de la arista. Por si nos parecía poco la escalada la ampliamos equivocándonos de nuevo y salimos de la ruta original. Comenzamos una larga travesía de tres largos de cuerdas fáciles de gran espectacularidad pues estamos volando sobre un abismo de más de dos mil metros. Al final del tercer largo es imposible continuar con la travesía y no nos queda otra que volver para detrás y buscar el itinerario normal o escalar las paredes por encima de nosotros. Optamos por esta última solución y atacamos una corta pala de nieve muy empinada adosada a la roca la cual al estar blanda hace fastidioso el avance por este motivo la abandonamos por la derecha una vez recorrido veinte metros, donde encontramos una minúscula plataforma y nos paramos para ver la continuación.
A nuestra izquierda continua la pala que termina en una corta pared que suponemos que será la cumbre de la segunda torre. A la derecha es impensable continuar y sobre nosotros la roca es vertical y bastante lavada. Yo continuaría por la izquierda, pero Miguel esta mas por la línea recta y me convence. Al momento está superando los primeros y delicados pasos los cuales se encuentran mojados y al poco lo pierdo de vista tras un resalte.
El tiempo pasa lentamente y la cuerda se desliza por mis manos lentamente lo que me hace suponer que Miguel está encontrando dificultades, para cuando me estoy haciendo esta reflexión le oigo que me llama. Comienzo a subir y puedo apreciar el buen hacer del compañero. Ya estamos juntos, bajo nuestros pies la última canal, las ultimas presa, las dificultades quedan atrás, por delante solo una ancha arista sube hasta la Tete Ouanun. Sentados sobre las mochilas la emprendemos con la comida pues apenas hemos probado bocado desde que salimos del refugio. Hacemos algunas fotos he intento ver si logro filmar pero la maquina sigue sin querer. Tiramos parte del agua de nuestras cantimploras y nos ponemos en marcha. A partir de aquí todo es monótono, solo un paso tras otro por esta interminable pedrera y nieve blanda.
Cuando alcanzamos la cima del Toubkal Oeste es en el único momento en que nos damos cuenta lo que hemos hecho hoy y se acrecienta nuestro cansancio. En esta cima solo estamos unos minutos. Por el Este se ven unas series de cirros que pasan rápidamente sobre nosotros, parece que los pudiéramos alcanzar con la mano.
Comenzamos a descender los cien metros que nos separa del collado que forma la unión de los dos Toubkales y es cuando nos damos cuenta que hay un grupo de personas que bajan y otro que sube, tenemos la ilusión que sean nuestros compañeros. Nos cruzamos con quienes bajan, son los suizos, los saludamos y continuamos nuestro camino. A la vuelta de un resalte rocoso encontramos a nuestros compañeros. El encuentro es de gran alegría lo que pone de manifiesto una vez más que la amistad en la montaña es lo que nos mueve.
A gritos les contamos nuestro día hasta aquí y ellos hacen lo mismo y continuamos juntos los últimos metros hasta los cuatro mil ciento sesenta y cinco metros del Toubkal. Cumbre prominente del África del Norte.
Abrazos y bajo nuestros pies toda esta parte del continente. Nos céntimos felices pues hemos realizado una vez mas otro de nuestros sueños.
Ninguno pensamos en la bajada.
Arista O.S.O al Toubkal 1980. Leer más »
Travesía cara norte y oeste del Teide.
Invierno de 1979
Realizada por: Federico Aguilera y Antonio R. Villar
Las sombras se van adueñando de las zonas costeras de la isla. Los valles ya están sumidos en la oscuridad. Frente a nosotros la Fortaleza aparece bañada en un tono rojizo intenso y arriba muy alto los últimos rayos de Sol acarician lentamente la cumbre del Teide.
Contemplando este juego de luz y color nos envuelve la oscuridad. El frio se deja sentir rápidamente y volvemos a la cueva donde pasamos la noche. Nos sentimos realmente insignificantes al pie de la de esta impresionante cara norte.
Cenamos y a las nueve ya estamos en los sacos. Fede se duerme enseguida, pero para mí no es tan fácil. Es temprano, encuentro incomodo el saco y además estamos sobre un terreno con ligera pendiente. A lo anterior se le une una serie de dudas sobre la ascensión. ¿Hará bastante frio para para mantener la nieve en buenas condiciones? ¿Seremos capaces de dominar la tensión nerviosa durante los mil y pico de metros de corredor, estando continuamente expuestos a un resbalón o a una caída de piedras?
Finalmente, el sueño llega y hay que aprovecharlo pues a las tres quince ya estamos de nuevo en pie. –Ay que salir temprano para que cuando el Sol comience a calentar las zonas altas del corredor estemos ya fuera del mismo y así reducir al máximo la posibilidad de tener un percance. Preparamos un buen desayuno a base de leche con copos de avena, galletas, chocolate y nos metemos en los bolsillos unos puñados de almendra y pasas. Sabemos que durante la ascensión no sentiremos ganas de comer, pero el desgaste es grande y hay que continuar tomando alimentos ricos en calorías.
Hacer las mochilas es un ritual que nos es muy familiar, y lo ejecutamos mecánicamente.
A las cuatro dejamos la cueva y nos dirigimos a la base del corredor. La noche es hermosa, muy estrellada y no hay Luna, reina la oscuridad mas absoluta. Media hora más tarde alcanzamos su comienzo, la nieve esta helada y nos calzamos los crampones, nos encordamos e iniciamos la ascensión. Ganamos altura rápidamente gracias a la inclinación de la pendiente, unos treinta y cinco grados y poco a poco van apareciendo bajo nosotros las tintineantes luces de Icod, la Orotava etc. Incluso a veces las nubes nos permiten ver las del aeropuerto.
Nuestras linternas frontales nos permiten guiarnos en esta noche tan oscura. Pronto una deja de funcionar y al no poder arreglarla continuamos con solo una. El amanecer nos encuentra en las últimas pendientes de salida. La nieve helada va dando paso al hielo y esto hace más delicado el ascenso pues apenas muerden las puntas de los crampones.
Finalmente, a las ocho y media estamos fuera de la pendiente, buscamos un rellano sin nieve y con sol, ya que sentimos frio. Fundimos nieve en la cocina y nos tomamos un té con galletas.
Estamos satisfecho, pues apenas hemos tardado cuatro horas en salvar un desnivel de más de mil metros, es el horario más rápido que he hecho hasta ahora. Estamos en buena forma y tras un descanso nos decidimos por flanquear la cara norte por encima de los tres mil metros hasta alcanzar Pico Viejo.
Es una travesía que había deseado realizar varias veces pero que siempre posponía para mejor ocasión.
La travesía se hace delicada, pues hay hielo duro y exige una constante atención debido al continuo atravesar de canales donde hay cambios en la capa que cubre estas coladas. En cualquier caso, es un recorrido de una belleza incomparable. A poco de dirigirnos hacia el Oeste, alcanzamos el Bastión, que es un inmenso triangulo invertido, sin coladas de lavas y con una fuerte pendiente en su parte más alta.
Desde aquí el panorama es impresionante nuestros ojos alcanzan desde Anaga hasta Teno, el tiempo es magnífico y solo está nublado por el Suroeste. Realizamos algunas fotos y continuamos atravesando pequeños corredores. Poco a poco entramos en la cara Oeste del Teide, ante nosotros solo se ve un mar interminable de barranquillos y canales, todos con una pendiente muy pronunciada y de nuevo la nieve dura da paso al hielo.
Los crampones muerden poco, el equilibrio es precario y por este motivo nos vemos sometidos a una gran tensión, ya que cualquier paso mal dado hace que nuestros crampones reboten y una vez perdido el equilibrio la caída seria irremediable siendo muy difícil detenerse. En un momento dado que el hielo presenta tan malas condiciones que optamos por perder altura y así alcanzar un estrechamiento por donde será más fácil cruzar.
A medida que avanzamos y la tarde va entrando, el hielo mejora y avanzamos con más rapidez. Algo que nos ha sorprendido es la gran cantidad de grietas que surcan la pendiente, algunas de las cuales alcanzan el metro de profundidad y los treinta centímetros de ancho, dejando traslucir el azul verdoso del hielo. Es medio día cuando divisamos Pico Viejo, su aspecto es majestuoso a la vez que salvaje. A pesar del calor, la nieve no se ha reblandecido e iniciamos el descenso y aproximadamente a las quince y treinta alcanzamos el collado de Pico Viejo,
Estamos muy cansados y lo primero que hacemos es fundir nieve con la cocinilla y formar con la tienda de vivac un pequeño refugio que nos proteja del fuerte Sol. Comemos con abundancia y bebemos infusiones una tras otra. Hace doce horas que iniciamos la actividad y tan solo hemos parado media hora al salir del corredor y nuestros cuerpos acusan el esfuerzo y la falta de líquido.
Una pequeña siesta nos devuelve el ánimo y decidimos acercarnos hasta el borde del cráter para ver el estado de las paredes interiores, antes de que sea de oscurezca y buscar un lugar que esté protegido del viento, para pasar la noche. No es fácil encontrar un sitio llano y tenemos que emplear los piolets para aplanar una pequeña pendiente que se convertirá en nuestro refugio para la noche.
Son las seis cuando anochece y la temperatura desciende con rapidez por lo que nos metemos en los sacos y comenzamos a preparar la cena. En el muro de nieve que nos protege excavamos una pequeña oquedad donde colocamos la cocinilla para que esté protegida del viento. Sopa de tomate, arenques ahumados, quesitos, galletas y te será nuestra cena, para las siete ya estamos dormidos. Doce horas después cuando nos dan los primeros rayos de Sol nos animamos a dejar los sacos, eso sí, después de haber desayunado.
Tenemos que calentar un poco las botas pues están rígidas y no logramos meter los pies y así después de dejarlas al Sol un buen rato podemos calzárnoslas. Una vez puestos los crampones nos dirigimos al interior de Pico Viejo. No llevamos mochila, solo la cuerda, los piolets y algunos mosquetones y clavijas para el hielo y roca. Por una bonita pendiente alcanzamos el llano fondo del cráter y nos dirigimos a la ladera que forma el cráter por el Sur, cerca de las paredes rocosa. Nos encordamos, al principio la pendiente es pequeña, pero a medida que ascendemos aumenta y el hielo se vuelve más duro. La ascensión se está convirtiendo en un entrenamiento estupendo y entretenida a la vez.
Alcanzamos el borde del cráter. Descendemos de nuevo al interior y nos dirigimos a una arista de hielo que se eleva desde el fondo hasta la mitad de la pared Norte, flanqueamos por la izquierda y nos situamos en una canal orientada hacia el sur. El brillo del hielo nos avisa de la dificultad que nos puede presentar. En efecto, los crampones muerden poco y nos vemos obligados a tallar algunos escalones.
Como antes, el mayor problema es el embudo final donde el hielo está cubierto por una espesa capa de nieve polvo y la seguridad es escasa. Así alcanzamos otra vez el borde. Ya es medio día y optamos por volver al vivac donde tras reponer fuerzas, emprendemos el descenso. optamos por flanquear la cara norte de Pico Viejo hasta alcanzar la Brecha desde la cual nos dirigimos hacia Cuevas Negras en nuestro camino a la carretera de Boca Tauce-Chio.
Una vez alcanzamos el asfalto solo nos queda esperar que nos recojan, dejando tras de nosotros unos hermosos días vividos en un incomparable marco.
Travesía cara norte y oeste del Teide. Invierno de 1979 Leer más »

1 – Vía Friclinclinclin. Abierta por Marcelino Báez y Javier Martin el 9 de noviembre de 1996.
2 – Vía Sensaciones. Abierta por Marcelino Báez y Antonio Villar el 16 de octubre de 1982.
3 – Vía Sabifleitas. Abierta por Raúl Fleitas y Humberto Sabina en mayo de 1998.
El Burro – Vertiente Norte Leer más »

1 – Vía Taganana (normal). Abierta por Miguel Diez, Oscar Subirana y Antonio Villar el 28 de abril de 1974.
Fue la primera ruta que que recorrió esta pared.
2 – Vía Mayor. Abierta por Luis Gómez y Antonio Villar el 13 de julio de 1980.
3 – Vía Pasando de los chungos. Abierta por Marcelino Báez y Antonio Villar el 22 de febrero de 1985.
4 – Vía Manita al faloide. Abierta por Juan Reyes, Daniel Dietz y Antonio Villar el 22 de octubre de 1995.
Las Animas – Pared Norte. Leer más »